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  • Lanzamiento: 08 January, 2004
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Cada músico al llegar a los Estados Unidos comienza a sentir la influencia única de las “Américas” que acelera el proceso de mezclar las culturas del mundo y, a la vez, la evolución de su propia música. Este hecho se intensifica para los músicos de jazz.

En Boston, a mediados de 1990, me encontré en el Berklee Performance Center una noche para escuchar a uno de mis estudiantes, Antonio Sánchez, un joven baterista mexicano. Me dijo que debía ir a ver Leo Blanco, el pianista de su trio de esa noche. Cuando le pregunte acerca de la música, me pregunto si conocía a la música venezolana. Mi respuesta fue que sí, porque acaba de regresar de un viaje revelador a Caracas junto al percusionista Steve Shehan y una tropa Touareg dirigido por Bali Othmane. Los venezolanos que conocí eran extremadamente receptivos y de mentes abiertas; pero realmente no tenía idea de que tan diversa y profunda podía llegar a ser su música. La mezcla venezolana se compone en partes iguales de la música de indios nativos, africana y europea que se encuentra en Brasil. La interpretación del trio de Boston fue bastante impactante: la técnica, las melodías y la pasión por la tradición que generó en su música se afirmó con orgullo en este joven trio poderoso.

Boston, como antes, sigue siendo un centro para los músicos jóvenes internacionales que están acelerando la fusión con lo americano. ¡Ah, las Américas! Ya no es la mezcla que nuestros padres conocieron. Lo más probable es que en el ambiente consigas alguien flexible, de mente abierta, lo suficientemente arraigado y talentoso como para entender que tan LOCO tu mezcla musical puede llegar a ser. Leo conoció a un joven músico que toca el bajo acústico, Peter Slavov, quién es hijo de un baterista de jazz búlgaro. Para Peter, la música de Leo era el tipo de evolución que estaba buscando.

Leo entendió de manera natural como organizar y apoyar sensaciones ritmicas entrelazadas, creando el sentido extremadamente impresionista de muchas culturas. Escucho ritmos árabes, de los Balcanes, Brasileros, Venezolanos, de la India; y Peter los escucha como el jazz, en el verdadero sentido de la palabra. Es tanto una mezcla ahora como lo fue para Louie Armstrong. El jazz es una evolución musical de culturas y en las Américas, cuyo campo de ejecución es muy fértil. Reconoces esta fertilidad cuando escuchas al maestro venezolano del cuatro Aquiles Baez y al cantante brasileño Luiciana Souza cantar la melodía tradicional venezolana “Tonada de Luna” en español; o cuando el saxofonista Dave Liebman toca “Dancers.” Todos podíamos sentir la voluntad de compartir algo en común.

Llegó una nueva oportunidad para que Leo tocara en unos eventos en Boston, pero ya Antonio se había mudado a Nueva York. Por ello, Leo pensó que un enfoque percusionista a la música podría darle la sensación que él estaba buscando, y me pregunto se estaba interesado. Al aceptar, invité a un grupo de ex alumnos de percusión para venir y tocar con nosotros. Todos ellos tenían algo especial a aportar, provenian del Sur de la India, Puerto Rico, Pensilvania, Medio Oriente, del Perú… Estos músicos se estimaban, y realmente conocían el lenguaje del ritmo. La gran mayoría de los instrumentos de percusión usados eran pocos comunes, considerando las raíces de Leo; pero lo encontramos divertido, y los músicos fueron extremadamente flexibles.

La música de Leo Blanco no trata de copiar el estilo musical de la música indígena de una parte del mundo. La mayoría de los temas de Leo son fantasías impresionistas de un momento en el tiempo en el que se reta a sí mismo para estar en el borde de los sentimientos que lo mantienen en un alto pedestal musical. Y sabemos que tan profundo son estos retos tan pronto comparte su composición con el resto de la banda.

“Poconos” en 9/8 fue inspirado por un viaje que hicimos a mi granja, pero la música es un reflejo de la grabación de Ellipsis Arts de “Pygmies of the Congo”, quizás la música más perfecta que jamás he oído. Sentí que Leo iba a capturar la magia en el sonido, y de hecho lo inspiró. Después de escuchar el tema, Leo se retiró al salón, y regresó unas horas después con su propio paisaje forestal de sonidos y formas. Cada composición tenía su extraño juego de engranajes sincronizados que nunca insinuaban formar parte de cualquier ciclo habitual de la música, sino más bien parecía una extensión natural y evolucionada a la que todos habíamos sido expuestos. Aprendernos “El Negro y El Blanco” al punto de hacerlo musical y libre fue un reto para todos nosotros, pero nos orgullecieron los resultados del tiempo invertido. Debido a la riqueza de los sabores y su conexión a la visión de Leo, decidimos no incluir algunos temas de jazz más tradicionales. Este material saldrá posteriormente. En el mundo creativo de la música contemporánea no es suficiente tener un encuentro casual y ver qué pasa; toma desarrollo y devoción, aceptación y dirección desde el interior; y quizá después de ello consigues algo…  y ¡Leo Blanco tiene mucho que dar! Paz,   Jamey Haddad (8 de Mayo, 2003 – New York City)

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